Pizza, spaghetti, mamá y, desde algún tiempo también "Brunello", ha entrado a ser parte de las palabras italianas más conocidas en el mundo, pero ¿cuál elegir?. No es fácil entre los más de 150 productores de Brunello de Montalcino que se reparten el homónimo DOCG, (denominación de origen controlado y garantizado) 1980: primer DOCG italiana. Ésta se encuentra encerrada en un pedazo de tierra senese (más o menos 24.000 hectáreas), a parte de las ya 500 m. del municipio de Montalcino, delimitado por los ríos Ombrone, asso y Orcia.
Para esta elección , la mejor ayuda nos la puede dar la historia. De hecho, la primera aparición del maravilloso producto ha sido cerca de la mitad del ochocientos, cuando Clemente Santi, químico y farmacéutico, trabaja con una selección del viñedo Sangiovese Grosso, el más indicado a producir un vino de alta cualidad. Ya en el 1870, en una muestra en Siena, se presentan las primeras botellas de este vino, de las cosechas del 1863 y del 1865. Desde este momento en adelante contiuan los experimentos en la búsqueda de un vino superior para envejecerlo. Pero el nacimiento oficial fue al final del siglo, cuando Ferruccio Biondi Santi, reimplanta todos sus viñedos, perfeccionando y restringiendo después la selección a un único viñedo. Comienza así a darle un toque preciso en relación a la técnica de vinificación, dirigiendo los gustos del tiempo, orientados a vinos suaves y espumosos, hacia un gran vino con al menos 4 años de envejecimiento en barricas y uno en botella. El primera cosecha oficial es la del 1888, de la cual existen todavía 5 botellas perfectamente integras. Desde esos tiempos hasta ahora, se han realizado muchas cosas para conseguir el resultado de nuestros días, en la cual como se ha dicho son tantos los productores, y el consecuente nivel cualitativo, no obstante elevado, no puede ser uniforme. Ahora bien, un buen consejo podría ser el de dirigirse a las haciendas históricas, sin dejar de lado a los pequeños productores, donde a menudo la producción artesanal aumenta el nivel cualitativo. Es también cierto que el elevado precio del producto no facilita la degustación de tantas botellas, aún cuando no debemos olvidar que no siempre la más cara es necesariamente la mejor. De todos modos, si durante una gira a la espléndida Montalcino, nuestro auto se encuentra en la "humilde" COOP del lugar, tendremos a disposición una discreta gama de productos a un precio realmente único.
Un discurso a parte, que merece una correcta política y que finalmente se lleva a cabo en la zona de Montalcino, donde se ha bloqueado el injerto de nuevas plantaciones y, consecuentemente, la producción se ha asentada sobre un promedio anual de 3.600.000 botellas. Esto ha provocado el traslado del producto en excedencia hacia los excelentes DOC del Rosso di Montalcino y el DOC de S. Antimo; esto constituye una ventaja para todos los admiradores del vino de calidad, que no deseando gastar grandes sumas de dinero pueden, de todos modos, elegir entre los dos citados DOC.
No nos queda nada más que probar a describir las sensaciones organolécticas que se sienten al degustar este producto. El paladar italiano, habituado a la dulzura del Chianti (considerado "el hermano menor" del Brunello), es arrastrado de una miríada de sensaciones que nos transportan en un sotobosque, despertando los recuerdos de las mermeladas artesanales de frutas. Frutilla, mora, frambuesa, pero también los más complejos violetas, cereza, guinda, endulzan y completan la compleja tanicidad y densidad del vino. Se puede percibir una sensación aterciopelada al paladar, resaltada en la versión Reserva, pero verificada aún más en las cosechas más recientes, donde los aromas típicos del envejecimiento, como la vainilla, el cuero, el tabaco, elevan nuevamente la cualidad, facilitando los acompañamientos.Ahora ¿qué plato puede acompañar el Brunello?. Seguramente la tradición culinaria de la toscana favorece las notables uniones, por lo tanto, grandes asados, pero sobre todo pájaros de caza (como el pato) y animales de caza (como el conejo, la liebre, etc.) y de modo particular el faisán y el clásico jabalí. Puede ser degustado muy bien como bajativo acompañando el parmesano o también el pecorino maduro (queso de oveja). Ciertamente los más afortunados o quizás los más ricos, serán ellos a extasiarse con la liebre en salmonejo o con el jabalí en guiso, escabechado y cocidos con el Brunello joven, el cual favorece la permanencia de los perfumes del vino en la comida, respecto a un vino más viejo y, por lo tanto, con aromas más volátiles y menos reconocibles en el plato. Todo acompañado con una Reserva o mejor aún, con las cosechas '88 y '90, imposibles de encontrar, permite de llegar al top de la armonía en la mesa.
Para concluir, algunos pequeños consejos: si deseáis una óptima forma de inversión, podréis comprar algunas botellas de la última cosecha '95 o reservar algunas botellas de las cosechas '97 y '98 de la altura o, nada menos que, superior a las cosechas '88 y '90. Pero sobre todo, degustaréis en compañía este vino y quedaréis como un rey o una reina....